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El training boot
camp viene –cómo no– de Estados Unidos.
Es la última novedad en cuanto a fitness.
Sus impulsores aseguran que “será la
experiencia más dura y satisfactoria que se
pueda experimentar en la vida” y explican
que la idea se basa en la llamada regla de
las “tres D”: determinación, dedicación y
disciplina. Algunas estrellas de Hollywood
como Kate Holmes o Drew Barrymore ya se han
apuntado. ¿De qué se trata?
Si usted, como muchos deportistas perezosos
y con mala conciencia, está apuntado a un
gimnasio pero tiene la taquilla llena de
polvo porque ya hace tiempo que ha dejado de
ir, tal vez se pueda animar si le llevan a
un descampado a las órdenes de un
monitor cachas vestido con ropa verde claro
y zapatos impermeables. El principio del
boot camp es sencillo: llevar las técnicas
del entrenamiento militar al gran público
para que el deportista encuentre nuevas
motivaciones y consiga fortalecer su estado
psicofísico. Si la primera imagen que
le viene a la cabeza es el cruel sargento
Hartman de la película La chaqueta metálica
maltratando a su tropa, quédese tranquilo.
No es para tanto.
Pero, eso sí, se trata de una experiencia
bastante extrema, sobre todo si el curso
sigue a rajatabla los ejercicios de los
marines de verdad.
Su exigencia no ha impedido (o tal vez,
precisamente por eso) que el boot camp esté
ganando adeptos a ritmos de vértigo. “Empecé
con esta actividad en el 2005. Éramos 15
personas. Ahora organizamos macro eventos
con 100 alumnos y hemos tenido que cerrar
las inscripciones”, cuenta Daniel Tangona,
máximo impulsor del boot camp en Argentina (tangona.com.ar).
“Hace un mes y medio presentamos nuestra
oferta y al cabo de unos días hubo tanta
demanda que no teníamos el número suficiente
de instructores. Ahora ya hemos localizado a
18 campamentos en la península donde
practicar la actividad. Tenemos millares de
personas interesadas”, asegura Dorman
Racines, de Boot Camp BS en Milán, Italia.
Hay muchos motivos detrás de este éxito: es
una práctica eficiente, porque no exige
demasiado tiempo. Con una hora de sesión uno
ya tiene bastante. Es más barato que
contratar a un entrenador personal. Se puede
reproducir en cualquier ambiente (incluso en
un gimnasio, con unas adaptaciones) y en
teoría hasta es posible practicarlo por su
cuenta. “La gente está decepcionada del
gimnasio tradicional al ver que después de
tanto esfuerzo su forma sigue siendo la
misma”, opina Racines.
¿Quiénes son estos nuevos adeptos del
entrenamiento militar? “La mayoría de
las personas tiene 40 años: corresponde al
perfil de deportivos que quieren recuperar
la forma perdida con el pasar de los años”,
cuenta Dorman Racines. Es una actividad más
popular entre los hombres, aunque también
hay mujeres que acuden con asiduidad.

- Incrementas tu nivel de energía y estado
anímico
- Disminuyes las grasas corporales y pierdes
peso
- Mejoras la salud cardiovascular
- Potencias los músculos y previenes dolores
“Los deportistas buscan estímulos. En la
vida diaria o en un gimnasio tradicional se
aburren.
Necesitan continuamente cosas nuevas y
precisan disciplina”, sostiene Tangona. En
su opinión, el carácter estricto y rígido de
la clase es una de las virtudes más
apreciadas por los clientes. “A la gente le
gusta que se le exija algo. Si no, al cabo
de dos meses abandona y deja de venir. Yo
soy bastante estricto. Hay que crear un
determinado ambiente y procuro infundir un
cierto respeto”. Para ello, las clases de
Tangona recurren a una buena dosis de
música. Eso sí, no son marchas militares.
“Solemos poner el género heavy metal, aunque
variamos con un poco de todo”, explica. Luis
Boada, gerente del gimnasio Dir Castillejos
de Barcelona, estuvo en la legión en su
juventud y cree que efectivamente hay
ciertas analogías entre los tipos de
entrenamiento.
“Quien hace esto es un poco masoquista”,
bromea. “ Al llegar hasta la extenuación, el
ejercicio se convierte en un reto de
superación personal.
La mente suele frenarte, pero está
demostrado que hay un cojín de reservas de
fuerzas del 30% que queda por explotar”,
asegura.
En lo estrictamente deportivo, se recomienda
la práctica al aire libre, porque se
requiere una buena oxigenación. En efecto,
el corazón trabaja a un ritmo elevado.
Aunque está abierto a todos los deportistas,
esta disciplina no está privada de riesgos.
Tangona admite que en las reuniones
en Puerto Madero de Buenos Aires siempre hay
una ambulancia y un masajista dispuestos a
intervenir en cualquier momento. Montse
Dalmau, de la empresa Viasport de Manresa,
participó en un campamento en Estados
Unidos. “Es verdad que ahí gritan, pitan.
Aunque la gente se lo toma con mucho humor,
se trata de un entrenamiento cardiovascular
fuerte. La gente que suele correr y tiene
capacidad de resistencia lo aguanta
perfectamente, pero sin esta base se puede
sufrir más de la cuenta, con riesgos de
taquicardias”, advierte.

En su formato original la disciplina
reproduce el programa de los marines (de
hecho, los grupos de deportistas reciben el
nombre de brigadas) y que han sido
retratadas en numerosas películas, como
llevar troncos de un sitio a otro, trepar
sobre árboles, hacer carreras en la arena o
en el barro o arrastrarse en el suelo entre
neumáticos. “Se activan hasta 650 músculos
del cuerpo. Se mejora la potencia,
equilibrio, resistencia, concentración,
estabilidad”, exclama Tangona. El
boot camp obedece el principio del
entrenamiento intermitente.
Al alternar el esfuerzo intenso con momentos
de descanso el cuerpo quema más calorías
para reequilibrarse. En la versión para
gimnasios, el boot camp incluye a veces
ejercicios de boxeo e introduce momentos de
recuperación con pilates.
El resultado es que se eliminan entre 800 y
1.500 calorías en promedio en una hora. Es
oportuno llevar guantes, ropa cómoda y dos
litros de agua.
Los expertos prometen que en sus sesiones se
reducirá la masa grasa hasta un 5%, con una
pérdida de peso de hasta ocho kilos y una
reducción de más del 7-15 centímetros de
cintura. La fuerza y la resistencia pueden
crecer entre un 25% y un 100%.
Según asegura Jim Brabon, monitor
australiano conocido con el apodo de Chief
(jefe), “hay personas que al cabo de dos
meses de entrenamiento.

- Mejoras la coordinación, la concentración
y el equilibrio
- Desarrollas espíritu de camaradería
- Fortaleces el sistema inmunitario y
reduces las enfermedades
- Solucionas problemas de ansiedad y las
alteraciones del sueño

En las instalaciones del gimnasio DIR de la
calle Castillejos de Barcelona tiene lugar
dos veces a la semana una sesión de training
boot camp, adaptada para los espacios
cerrados y centrada en el fitness (vean las
fotos arriba). No es una reproducción exacta
del entrenamiento militar, pero sí aplica el
mismo espíritu. Los monitores tienen apodos
de cuartel como Caporal y General y van
vestidos de verde (de tonalidad
rigurosamente militar). Los participantes,
que suelen ser asiduos, se pintan en las
mejillas unas rayas negras al estilo Rambo.
Desde el comienzo de la sesión, la tónica a
seguir parece bastante clara. La música es
muy rítmica e inspirada en algunas películas
militares conocidas como La chaqueta
metálica o Apocalypse now. A base de gritos
de incitación, los deportistas están
sometidos a una densa batería de ejercicios,
prácticamente sin parar. Por ejemplo, se
llevan a cabo cuatro series de seis
flexiones sin descanso alguno. A los pocos
minutos, el ambiente ya huele a sudor y
algunos no consiguen mantener el
ritmo. “¡Rápido!”, “¡Sí que puedes!”,
“¡Vamos, os estáis entrenando!”, son algunos
de los gritos más repetidos por los
entrenadores. ¿Cómo estáis?”, pregunta Carol
López, pelo corto de estilo militar, después
de media hora. Nadie contesta. Al cabo de 45
minutos, los participantes están rendidos.
La mayoría tiene 25-30 años o incluso más.
Luis Boada, director del DIR Castillejos,
cree que “los más jóvenes no están
dispuestos a aguantar tanto sacrificio”.
Ángela, una chica de 31 años, asidua de
estas sesiones, no tiene dudas. “Lo hago
porque me gusta trabajar”, dice. Andrés, 43
años, destaca la bondad del “trabajo en
equipo y de la fase de socialización”.
Marçal Forner, unos de los técnicos
deportivos, cree que el training boot camp
“rompe mucho con la rutina de la vida
laboral. “La gente quiere que se la motive y
que sean exigentes con ella”, asegura.
Probar (y sudar) para creer.
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