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Tangona BootCamp - Diosas 2010



 

 


EN FORMA COMO UN MARINE

En Estados Unidos y ahora también en Europa está arrasando el ‘training boot camp’, la modalidad de entrenamiento militar pero adaptada… a los civiles. Una opción para ponerse en forma ideal para los que añoran la disciplina de antaño.

La vida moderna está llena de contradicciones.
Los ciudadanos ya no tienen ganas de hacer el servicio militar y aborrecen las guerras y la vida de cuartel. Pero, al mismo tiempo, muchos de ellos están dispuestos a pagar para que les traten como si estuvieran en el ejército.

 

Todo sirve para ponerse en forma.
Si hay que sudar la gota gorda, paciencia.

El training boot camp viene –cómo no– de Estados Unidos.
Es la última novedad en cuanto a fitness.


Sus impulsores aseguran que “será la experiencia más dura y satisfactoria que se pueda experimentar en la vida” y explican que la idea se basa en la llamada regla de las “tres D”: determinación, dedicación y disciplina. Algunas estrellas de Hollywood
como Kate Holmes o Drew Barrymore ya se han apuntado. ¿De qué se trata?
Si usted, como muchos deportistas perezosos y con mala conciencia, está apuntado a un gimnasio pero tiene la taquilla llena de polvo porque ya hace tiempo que ha dejado de ir, tal vez se pueda animar si le llevan a un descampado a las órdenes de un
monitor cachas vestido con ropa verde claro y zapatos impermeables. El principio del boot camp es sencillo: llevar las técnicas del entrenamiento militar al gran público para que el deportista encuentre nuevas motivaciones y consiga fortalecer su estado psicofísico. Si la primera imagen que
le viene a la cabeza es el cruel sargento Hartman de la película La chaqueta metálica maltratando a su tropa, quédese tranquilo. No es para tanto.
Pero, eso sí, se trata de una experiencia bastante extrema, sobre todo si el curso sigue a rajatabla los ejercicios de los marines de verdad.

Su exigencia no ha impedido (o tal vez, precisamente por eso) que el boot camp esté ganando adeptos a ritmos de vértigo. “Empecé con esta actividad en el 2005. Éramos 15 personas. Ahora organizamos macro eventos con 100 alumnos y hemos tenido que cerrar las inscripciones”, cuenta Daniel Tangona, máximo impulsor del boot camp en Argentina (tangona.com.ar). “Hace un mes y medio presentamos nuestra oferta y al cabo de unos días hubo tanta demanda que no teníamos el número suficiente de instructores. Ahora ya hemos localizado a 18 campamentos en la península donde practicar la actividad. Tenemos millares de personas interesadas”, asegura Dorman Racines, de Boot Camp BS en Milán, Italia. Hay muchos motivos detrás de este éxito: es una práctica eficiente, porque no exige demasiado tiempo. Con una hora de sesión uno ya tiene bastante. Es más barato que contratar a un entrenador personal. Se puede reproducir en cualquier ambiente (incluso en un gimnasio, con unas adaptaciones) y en teoría hasta es posible practicarlo por su cuenta. “La gente está decepcionada del gimnasio tradicional al ver que después de tanto esfuerzo su forma sigue siendo la misma”, opina Racines.

¿Quiénes son estos nuevos adeptos del entrenamiento militar? “La mayoría de las personas tiene 40 años: corresponde al perfil de deportivos que quieren recuperar la forma perdida con el pasar de los años”, cuenta Dorman Racines. Es una actividad más popular entre los hombres, aunque también hay mujeres que acuden con asiduidad.





- Incrementas tu nivel de energía y estado anímico
- Disminuyes las grasas corporales y pierdes peso
- Mejoras la salud cardiovascular
- Potencias los músculos y previenes dolores

“Los deportistas buscan estímulos. En la vida diaria o en un gimnasio tradicional se aburren.
Necesitan continuamente cosas nuevas y precisan disciplina”, sostiene Tangona. En su opinión, el carácter estricto y rígido de la clase es una de las virtudes más apreciadas por los clientes. “A la gente le gusta que se le exija algo. Si no, al cabo de dos meses abandona y deja de venir. Yo soy bastante estricto. Hay que crear un determinado ambiente y procuro infundir un cierto respeto”. Para ello, las clases de Tangona recurren a una buena dosis de música. Eso sí, no son marchas militares. “Solemos poner el género heavy metal, aunque variamos con un poco de todo”, explica. Luis Boada, gerente del gimnasio Dir Castillejos de Barcelona, estuvo en la legión en su juventud y cree que efectivamente hay ciertas analogías entre los tipos de entrenamiento.
“Quien hace esto es un poco masoquista”, bromea. “ Al llegar hasta la extenuación, el ejercicio se convierte en un reto de superación personal.
La mente suele frenarte, pero está demostrado que hay un cojín de reservas de fuerzas del 30% que queda por explotar”, asegura.

En lo estrictamente deportivo, se recomienda la práctica al aire libre, porque se requiere una buena oxigenación. En efecto, el corazón trabaja a un ritmo elevado. Aunque está abierto a todos los deportistas, esta disciplina no está privada de riesgos. Tangona admite que en las reuniones en Puerto Madero de Buenos Aires siempre hay una ambulancia y un masajista dispuestos a intervenir en cualquier momento. Montse Dalmau, de la empresa Viasport de Manresa, participó en un campamento en Estados Unidos. “Es verdad que ahí gritan, pitan. Aunque la gente se lo toma con mucho humor, se trata de un entrenamiento cardiovascular fuerte. La gente que suele correr y tiene capacidad de resistencia lo aguanta perfectamente, pero sin esta base se puede sufrir más de la cuenta, con riesgos de taquicardias”, advierte.





En su formato original la disciplina reproduce el programa de los marines (de hecho, los grupos de deportistas reciben el nombre de brigadas) y que han sido retratadas en numerosas películas, como llevar troncos de un sitio a otro, trepar sobre árboles, hacer carreras en la arena o en el barro o arrastrarse en el suelo entre neumáticos. “Se activan hasta 650 músculos del cuerpo. Se mejora la potencia, equilibrio, resistencia, concentración, estabilidad”, exclama Tangona. El boot camp obedece el principio del entrenamiento intermitente.

Al alternar el esfuerzo intenso con momentos de descanso el cuerpo quema más calorías para reequilibrarse. En la versión para gimnasios, el boot camp incluye a veces ejercicios de boxeo e introduce momentos de recuperación con pilates.

El resultado es que se eliminan entre 800 y 1.500 calorías en promedio en una hora. Es oportuno llevar guantes, ropa cómoda y dos litros de agua.
Los expertos prometen que en sus sesiones se reducirá la masa grasa hasta un 5%, con una pérdida de peso de hasta ocho kilos y una reducción de más del 7-15 centímetros de cintura. La fuerza y la resistencia pueden crecer entre un 25% y un 100%.

Según asegura Jim Brabon, monitor australiano conocido con el apodo de Chief (jefe), “hay personas que al cabo de dos meses de entrenamiento.





- Mejoras la coordinación, la concentración y el equilibrio
- Desarrollas espíritu de camaradería
- Fortaleces el sistema inmunitario y reduces las enfermedades
- Solucionas problemas de ansiedad y las alteraciones del sueño





En las instalaciones del gimnasio DIR de la calle Castillejos de Barcelona tiene lugar dos veces a la semana una sesión de training boot camp, adaptada para los espacios cerrados y centrada en el fitness (vean las fotos arriba). No es una reproducción exacta del entrenamiento militar, pero sí aplica el mismo espíritu. Los monitores tienen apodos de cuartel como Caporal y General y van vestidos de verde (de tonalidad rigurosamente militar). Los participantes, que suelen ser asiduos, se pintan en las mejillas unas rayas negras al estilo Rambo.

Desde el comienzo de la sesión, la tónica a seguir parece bastante clara. La música es muy rítmica e inspirada en algunas películas militares conocidas como La chaqueta metálica o Apocalypse now. A base de gritos de incitación, los deportistas están sometidos a una densa batería de ejercicios, prácticamente sin parar. Por ejemplo, se llevan a cabo cuatro series de seis flexiones sin descanso alguno. A los pocos minutos, el ambiente ya huele a sudor y algunos no consiguen mantener el
ritmo. “¡Rápido!”, “¡Sí que puedes!”, “¡Vamos, os estáis entrenando!”, son algunos de los gritos más repetidos por los entrenadores. ¿Cómo estáis?”, pregunta Carol
López, pelo corto de estilo militar, después de media hora. Nadie contesta. Al cabo de 45 minutos, los participantes están rendidos.
La mayoría tiene 25-30 años o incluso más. Luis Boada, director del DIR Castillejos, cree que “los más jóvenes no están dispuestos a aguantar tanto sacrificio”. Ángela, una chica de 31 años, asidua de estas sesiones, no tiene dudas. “Lo hago porque me gusta trabajar”, dice. Andrés, 43 años, destaca la bondad del “trabajo en equipo y de la fase de socialización”.

Marçal Forner, unos de los técnicos deportivos, cree que el training boot camp “rompe mucho con la rutina de la vida laboral. “La gente quiere que se la motive y
que sean exigentes con ella”, asegura. Probar (y sudar) para creer.
 

 
 

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