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Aconsejan ejercicios de
fuerza
Para envejecer mejor, no sólo
hay que trotar
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Mister-Wong NUEVA
YORK.? La realidad
demuestra que la
cantidad de personas
que llegan a los 100
años se duplica cada
década; que a medida
que envejecemos,
perdemos masa
muscular y ósea,
además de fuerza y
flexibilidad, y que
eso produce una
fragilidad que
reduce la movilidad
y la independencia.
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Esto último podría sonar
desalentador. Sin embargo, se
puede contrarrestar fácilmente.
El entrenamiento de la fuerza
muscular y las rutinas para
mejorar la flexibilidad y el
equilibrio ?además de la
práctica regular de ejercicios
aeróbicos? pueden retrasar y
hasta prevenir el deterioro
físico a medida que pasan los
años.
Por eso, en los últimos tiempos
ha aparecido un nuevo grupo de
profesionales especializados en
lo que denominan ?el
envejecimiento activo? y se han
actualizado las recomendaciones
sobre la actividad física para
los adultos mayores. Esas
recomendaciones acaban de ser
difundidas por la Asociación
Estadounidense del Corazón y el
Colegio Estadounidense de
Medicina del Deporte.

Y aun cuando una persona sufra
de una enfermedad crónica o
tenga una imposibilidad física
para hacer ejercicio, existen
formas seguras de mejorar la
aptitud física y el bienestar.
Toda demora aumentaría el riesgo
de lesiones y dificultaría más
la compensación de las pérdidas.
Miriam E. Nelson, directora del
Centro John Hancock para la
Actividad Física y la Nutrición,
de la Universidad Tufts, en
Boston, y autora principal de
las nuevas recomendaciones, leyó
en The Journal on Active Aging
que "con cada década de edad,
las personas se vuelven cada vez
más sedentarias". Y dijo: "Pero
la evidencia demuestra que con
cada década de edad, el
ejercicio se vuelve más
importante para la calidad de
vida y la independencia".
Por su parte, Jim Concotelli, de
las Comunidades para Adultos
Mayores de Horizon Bay, en Tampa,
escribió este año en The Journal
on Active Aging que existen
muchos adultos que carecen de
información adecuada y temen
lesionarse o sentir dolor.
Concotelli, que supervisa el
desarrollo de programas
comunitarios de bienestar físico
en varios estados de los Estados
Unidos, dijo que el
entrenamiento muscular mejora
las articulaciones con menos
dolor y riesgo de lesiones.
La clave es empezar despacio y
aumentar de a poco la intensidad
de los ejercicios a medida que
mejora el nivel de resistencia.
Es importante comenzar con la
ayuda de un profesor de
educación física o según un
programa con pautas similares a
las que se indican más adelante.
Aunque no se necesitaría permiso
médico para realizar los
ejercicios de intensidad
moderada sugeridos, las personas
que tienen o sospechan tener un
problema de salud deben
consultar a un médico. Algunas
clases con un entrenador
ayudarían a conocer si los
ejercicios se realizan
adecuadamente sin producir
lesiones.
Hasta ahora, las recomendaciones
para todas las edades insistían
en la importancia del ejercicio
aeróbico, o acondicionamiento
cardiovascular, con actividades
de intensidad moderada o fuerte,
como caminar, andar en
bicicleta, nadar o trotar media
hora por día, cinco o más días
por semana.
Para los que no pueden hacer los
30 minutos, las actividades se
pueden dividir en 3 sesiones de
10 minutos cada uno durante el
día (el efecto del ejercicio es
acumulativo). Para quienes
prefieren el trabajo bajo techo,
la cinta para caminar, el
escalador o la bicicleta fija
son opciones excelentes para
acondicionar el corazón, los
pulmones y la circulación.
Quienes no pueden levantar peso
pueden optar por la natación o
la gimnasia en el agua.
Fuerza y flexibilidad
Pero a diferencia de lo que
piensan muchos adultos activos,
la aptitud física no termina con
los aeróbicos. Durante años, el
Instituto Nacional de Estudios
sobre el Envejecimiento defendió
el entrenamiento muscular;
finalmente, las sociedades
científicas de cardiología
reconocieron su valor agregado
para reducir el estrés sobre las
articulaciones, los huesos y los
tejidos blandos; para mejorar el
equilibrio, reducir el riesgo de
caída y aumentar la
funcionalidad para las tareas
diarias, como levantarse de una
silla, subir las escaleras o
abrir un frasco.

El entrenamiento muscular se
puede hacer en un gimnasio, con
ayuda de máquinas que trabajan
distintos grupos musculares:
cadera, piernas, espalda,
hombros, brazos y abdomen. O se
puede hacer en el hogar con
bandas, mancuernas o el propio
peso corporal. Un programa de
tres pasos (ver infografía),
diseñado por Michael J. Hewitt,
director de investigación de
ciencias del ejercicio en un
centro de salud en Tucson, se
puede realizar en 10 minutos.
Según Hewitt, para reducir el
riesgo de lesiones y de fatiga
muscular prematura, primero hay
que ejercitar los músculos
largos, luego los más cortos y
por último los posturales. Por
ejemplo, se puede comenzar con
los músculos pectorales y de la
espalda superior, luego los
brazos y los hombros, y después
los músculos de la espalda baja
y el abdomen. Hay que repetir
cada ejercicio entre 8 y 12
veces, dos o tres veces por
semana en días no consecutivos.
El entrenamiento, según las
nuevas recomendaciones, debe
incluir también ejercicios que
mejoren la flexibilidad y el
equilibrio, lo que reduce el
riesgo de caída. Diez minutos
diarios de estiramiento de
piernas, brazos, hombros, cadera
y tronco aumentan la movilidad,
mientras que ejercicios diarios
como pararse sobre un pie y
luego el otro, caminar apoyando
primero el talón, la planta y
los dedos, o el tai chi mejoran
el equilibrio.
Estas guías están diseñadas para
la población sana de 18 a 64
años y, con un acompañante, a
partir de los 65 años o entre
los 50 y 64 con enfermedades
crónicas o problemas físicos.
"No habría que esperar demasiado
para comenzar", insistió C.
Jessie Jones, codirectora del
Centro para el Buen
Envejecimiento, de la
Universidad Estatal de
California.
Por Jane E. Brody
De THE NEW YORK TIMES
Noticias de Ciencia/Salud
Lunes 30 de junio de 2008 |
Publicado en diario LA NACION
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