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Silencio en el gimnasio
Los días están contados para el
ruidoso de la bicicleta de al
lado.

NUEVA YORK ( The New York Times
).- Dustin Vye no podía creer lo
que oía: un lenguaje
inapropiado, que no puede ser
impreso aquí, dicho por otro
hombre mientras lucha por tomar
el gimnasio favorito del señor
Vye.
"¡Ay, mis piernas!", bufaba el
hombre, pero a la frase le
sumaba un adjetivo vulgar.
"¡Duele!", aulló, otra vez con
un léxico irreproducible.
Hubo otras situaciones similares
en el entrenamiento, el mes
último, en J s Big Gym, en la
calle 181 de Washington Heights,
y Vye se preguntaba qué hacer.
"Estuve tentado de acercarme y
decirle amablemente: Le
agradecería, si no le molesta,
que hablara un poco más bajo",
cuenta Vye, que en los años 90
integró el equipo nacional de
gimnasia canadiense y más tarde
se unió a la troupe de Cirque du
Soleil. "Las cosas así me
frustran. He esforzado mi cuerpo
al máximo, y no tuve que gruñir
ni gritar ni aullar."
Confrontar o, como Vye, no
confrontar, ésa es la cuestión.
¿Qué es mejor para las ratas de
gimnasio ? ¿Sufrir al vecino
ruidoso de la bicicleta de al
lado o decirle que se calme?
¿Cómo debería manejarse uno
cerca de alguien que está
cantando en voz alta lo que oye
en sus auriculares, o llena el
aire con gruñidos subhumanos o
gritos inducidos por endorfinas
al estilo de ¡esto es genial!
En principio, uno no debería
seguir el ejemplo de Christopher
Carter. La oficina del fiscal
del distrito de Manhattan cuenta
que Carter, un broker financiero
que estaba en una clase de
spinning en el gimnasio Equinox,
en el Upper East Side, se había
agarrado con Stuart Sugarman una
mañana del verano último.
Sugarman estaba pedaleando a dos
bicicletas de distancia... y
gruñiendo, gimiendo y gritando.
Carter se acercó y detuvo la
bicicleta de Sugarman, con él
todavía encima, detalla Sugarman,
que pasó dos semanas en el
hospital y cuenta que desde
entonces tuvo dolores crónicos
de cuello y espalda. El hombre,
de 49 años, ya no puede jugar al
golf ni hacer caminatas ni
spinning.
En tanto, Carter, de 45 años,
ahora está en juicio en la Corte
criminal de Manhattan. Podría
tocarle un año en prisión si se
lo declara culpable.
Celulares, tampoco
Así es que, por estos días, los
fanáticos del entrenamiento en
gimnasios de toda la ciudad
están hablando de las cosas que
les molestan. Eric Tung,
encargado del gimnasio New York
Sports Club gym, en la calle 80
y Broadway, dice que el gruñido
está entre los mayores
problemas.
Y esto lo lleva a otra
observación: los gimnasios son
diferentes de, por ejemplo, los
clubes de campo, donde todo el
mundo entiende que hay reglas
tácitas. "Hay mucha gente que
empieza a ir a gimnasios sin
saber lo que es la etiqueta",
resume. Que se detalla en
Debrett s New Guide to Etiquette
and Modern Manners ( Nueva guía
Debrett de etiqueta y modales
modernos ), que incluye no ser
maleducados con los instructores
ni "irritantemente competitivo
en los aparatos aeróbicos". Y
aconseja evitar la estética
Neanderthal del hombre de las
cavernas que, cuando levanta
pesas, gruñe, se queja y bufa.
Como si el libro de Debrett no
fuera suficiente, el consejo
americano de ejercicio tiene su
propia etiqueta par el gimnasio.
Según el doctor Cedric Bryant,
jefe del consejo de ciencia, se
trata de "todo lo que uno
debería haber aprendido en el
jardín de infantes,
básicamente". Entre una lista
breve de reglas, está la
siguiente: Use su voz interior .
"Y guarde sus detalladas y
sonoras conversaciones por
teléfono celular hasta después
de su práctica", sigue Bryant.
Del otro lado, algunos
practicantes de spinning
hablaron sobre cómo se espera
que algunos instructores animen
y entusiasmen diciéndole a una
clase, por ejemplo, que
fantaseen con que están a pocos
kilómetros de la línea de
llegada del Tour de France.
Esto, después de que se bajan
las luces y un hip-hop grave
empieza a atravesar el salón.
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