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Estudios alertan sobre formas de
cáncer hereditarias
Algunos
estiman con bastante precisión
ese riesgo y permiten plantear
posibles acciones preventivas
NUEVA YORK (The New York
Times).
Todos los cánceres tienen origen
genético. Cuando los genes
funcionan de manera apropiada,
el crecimiento celular es
regulado estrictamente, como si
un semáforo indicara a las
células que se dividieran tan
sólo cierto número de veces y
nada más.
Un cáncer ocurre cuando algo
ocasiona una mutación en los
genes que limitan el crecimiento
de las células o que reparan el
daño del ADN. Lo anterior es
cierto incluso si el cancerígeno
está en el ambiente, como el
humo del cigarrillo o el radón,
o si la causa es viral, como el
Helicobacter pylori o el virus
papiloma humano.
Los agentes cancerígenos inducen
el cáncer al ocasionar
mutaciones que les permiten a
las células escapar a los
controles normales. La mayoría
de los cánceres surgen de esta
manera, esporádicamente en un
individuo, y pueden relacionarse
con varias mutaciones.
Pero, a veces, se hereda una
sola y potente mutación que
provoca el cáncer y puede ser
transmitido de una generación a
la siguiente. Se estima que
entre el 5 y el 10% de los
cánceres tienen una firme base
genética, en tanto que entre el
20 y el 30% presentan un
fundamento hereditario más
débil, comentó el doctor Kenneth
Offit, jefe de genética clínica
en el Centro Memorial Sloan-Kettering
contra el Cáncer, en Nueva York.
Probabilidades genéticas
En el cáncer hereditario, el gen
mutado puede ser transmitido a
través del óvulo o el esperma a
los hijos, en tanto que cada uno
enfrentaría probabilidades de
50% de heredar el gen defectuoso
si uno de los padres es
portador, así como
probabilidades de 75% si ambos
padres son portadores del mismo
defecto.
Las mutaciones BRCA1 y BRCA2
están firmemente vinculadas con
el cáncer de mama y ovarios en
la mujer y un tanto menos
vigorosamente con el cáncer de
próstata en los varones. Una
mujer con la mutación BRCA
enfrenta probabilidades de entre
56 y 87% de padecer cáncer de
mama, así como probabilidades de
10 a 40% de sufrir cáncer
ovárico.
Algunos riesgos son incluso
mayores. Un niño que hereda la
denominada mutación RET enfrenta
probabilidades de 100% de
padecer una forma
particularmente letal de cáncer
tiroideo. Además, el riesgo de
cáncer en el estómago se
aproxima a 100% entre quienes
tienen una mutación CDH, dijo
Daniel G. Coit, cirujano del
Memorial Sloan-Kettering.
Megan Harlan, prominente asesor
genético en el Sloan-Kettering,
dijo que los siguientes son
focos de alarma que dejan
entrever la posibilidad de que
el cáncer sea hereditario:
Un diagnóstico de cáncer a una
edad considerablemente menor que
cuando suele ocurrir.
Cuando se presenta el mismo
cáncer en más de una generación
de una familia.
Cuando dos o más cánceres se dan
en el mismo paciente o en
parientes consanguíneos.
Por ejemplo, una mujer con la
mutación BRCA enfrenta un alto
riesgo de sufrir tanto cáncer de
mama como ovárico. Una mutación
para reparaciones que no
coincide, conocida como MMR,
eleva considerablemente el
riesgo de padecer cáncer de
colon y los cánceres uterino y
ovárico en cierta medida. De ahí
que la incidencia de estos
cánceres entre parientes
consanguíneos sugiera que la
familia puede ser portadora de
la mutación MMR.
Acciones preventivas
Si el individuo sabe que tiene
una mutación genética que
produce un alto riesgo de
cáncer, tiene la oportunidad de
emprender acciones preventivas
como la programación de
revisiones frecuentes, empezando
a corta edad o extirpando el
órgano que esté en riesgo. Si
bien la cirugía claramente es
una drástica forma de prevención
del cáncer, en el futuro quizá
los fármacos sean capaces de
impedir el desarrollo de
cánceres entre personas con alto
riesgo, comentó Offit.
Una tercera posibilidad, cuando
un gen del cáncer está presente
en una familia, está en la
fertilización in vitro y el
análisis genético, a fin de
identificar embriones afectados
e implantar los que carezcan del
gen defectuoso.
Harlan sugirió que una mujer con
BRCA debería empezar a temprana
edad con el propósito de
efectuarse el autoexamen del
seno cada mes, así como
someterse a revisiones médicas
del seno de dos a cuatro veces
al año.
Ella también aconsejó una
alternación entre mamografías y
pruebas de resonancia magnética
del seno cada seis a 12 meses,
empezando a partir de los 25
años de edad.
De manera similar, las normas
sugieren que un portador de un
gen hereditario de cáncer de
colon debería empezar a
someterse a colonoscopias cada
año o cada seis meses a partir
de los 20 a 25 años de edad (o
10 años antes del primer
diagnóstico en la familia, si es
una fecha anterior).
Una mujer con la mutación de
cáncer uterino debería someterse
a revisiones con sonogramas y
biopsias endometriales cada año,
y, agregó Offit, debería
considerar la extirpación de su
útero una vez que ella ya no
desee tener hijos.
Hay cada vez más mujeres con
mutaciones BRCA que están
optando por mastectomías
profilácticas y, en algunos
casos, ooforectomías, o la
remoción de los ovarios. Eso
reduce su riesgo de padecer
cáncer de mama u ovárico en un
75 por ciento.
Coit describió a una familia en
la cual el padre y su padre
habían desarrollado un cáncer
tiroideo vinculado con la
mutación RET. El hijo de seis
años del hombre menor fue
sometido a exámenes y se
descubrió que era portador del
mismo gen dañado. Debido a que
el menor seguramente
desarrollaría el cáncer
tiroideo, muy probablemente a
una corta edad, se extirpó su
tiroides.
Si bien el muchacho necesitará
tomar la hormona tiroidea
durante el resto de su vida, la
cirugía redujo a cero sus
probabilidades de padecer este
cáncer, a menudo fatal.
Coit también informó sobre una
mujer de 33 años de edad que era
portadora de la mutación CDH,
asociada con un cáncer estomacal
altamente mortífero. Su estómago
fue removido y se descubrió que
contenía tres sitios
microscópicos de cáncer, lo cual
hizo que su cirugía preventiva
también fuera curativa.
Ella es uno de los 131 pacientes
que tienen la mutación y cuyos
estómagos fueron extirpados para
luego recibir una bolsa con
forma de estómago, creada a
partir del intestino delgado. El
médico reconoció que la cirugía
era una medida drástica, con una
tasa de mortalidad de 1,5% y una
tasa de complicación de 53 por
ciento.
La mayoría de los pacientes no
pueden comer tanto como solían
después de la cirugía. Adquieren
intolerancias alimentarias y
pierden peso, pero, con el
tiempo, sí logran adaptarse a su
nuevo sistema digestivo, señaló
Coit.
Algunas consideraciones
prácticas
Antes de elegir la cirugía a fin
de reducir el riesgo en una
persona por lo demás saludable,
Coit dijo que se deben
considerar con mucho cuidado los
siguientes factores:
Posibles alternativas sin
cirugía.
El verdadero riesgo de cáncer a
partir del gen heredado y
cuántas cirugías pueden
reducirlo.
Momento indicado de cualquier
operación.
Efectos de la cirugía sobre la
calidad de vida.
Otro de los interrogantes gira
en torno a cómo y si es
aconsejable revelar un riesgo de
padecer algún cáncer
hereditario. Si bien mucha gente
teme que se impongan límites a
su empleo y capacidad de obtener
seguros de salud a precios
accesibles, en los Estados
Unidos una ley federal fue
aprobada este mes a fin de
impedir este tipo de
discriminación genética.
¿Qué tal si alguien que presenta
un gen cancerígeno hereditario
se niega a advertirles a
familiares acerca del probable
riesgo y la necesidad de
exámenes? En un puñado de
querellas en contra de médicos,
ya empezó a surgir este tipo de
interrogantes.
Por ejemplo, en un caso de 1995
en Florida, la Suprema Corte de
la entidad falló que un médico
tiene que informarles a sus
pacientes acerca del riesgo a
los familiares, pero dejó en
manos del paciente informarles
acerca de los exámenes médicos y
el potencial de la prevención.
Jane E. Brody
Trampas de los exámenes
genéticos
NUEVA YORK (The New York
Times).– El desciframiento del
genoma humano ha impulsado a
diversos empresarios a
capitalizar económicamente las
inquietudes genéticas de la
gente. Ofrecen exámenes de ADN
para detectar genes aberrantes
asociados con el riesgo de
padecer diversas enfermedades,
particularmente cáncer.
Este tipo de pruebas, cuando se
realizan de manera confiable,
pueden llevar a ciertas personas
a hacerse responsables de su
salud y emprender mejores planes
para el futuro. Sin embargo,
algunos asesores profesionales
de genética dicen que este
enfoque para determinar el
riesgo de cáncer está repleto de
peligros, no en menor medida el
de una falsa advertencia de un
riesgo grave que no existe
efectivamente.
"Este tipo de pruebas es
prematuro –dijo el doctor
Kenneth Offit, quien dirige el
área de genética clínica en el
Centro Memorial Sloan-Kettering
contra el Cáncer–. Algunas
empresas están vendiendo pruebas
de investigación para detectar
mutaciones que portan un bajo
riesgo de provocar cáncer, lo
cual impulsa a la gente a
preocuparse de manera
innecesaria o a sentir una falsa
seguridad."
Otro de los problemas, destacó,
radica en la prescripción
ofrecida después de los
exámenes. "Otras empresas le
están diciendo a la gente qué
tipo de alimento comer y qué
aplicarse en la piel según sus
genes –comentó Offit–. Las
pruebas para detectar conocidos
genes del cáncer son legítimas,
pero, con frecuencia, no sucede
lo mismo con la prescripción
recetada para una transformación
genética.’’
"Se necesita con urgencia una
normatividad sobre estos
laboratorios. Aunado a lo
anterior, las personas que
enfrentan verdaderos riesgos
hereditarios de padecer cáncer
requieren una intensa asesoría
por parte de profesionales."
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