Revista NOTICIAS - Octubre 2016

 

 











 

DANIEL TANGONA (59)
“Nunca podés ser el mejor entrenador”
El personal trainer cuenta cómo entrena a los empresarios top y lanza el libro: “Las excusas engordan”. Awada, Macri y Nisman.





La oficina está tapizada de diplomas que repiten palabras vigorosas, casi todas en inglés, gym, body, strenght, health & fitness, sport management, y de medallas que también llevan su nombre. Pero entre la espesura de galardones y certificaciones lo que más se distingue es una modesta fotografía en blanco y negro: trabado y sonriente como todo superhéroe, Tonio, el papá, despliega los enormes pectorales, los bíceps montañosos. Un paso adelante se ve a un nenito flacuchento en calzones.

Es Daniel Tangona. También sonríe. El personal trainer más famoso de la Argentina se hizo bien de abajo. En la casa de sus abuelos cocinaban puchero en una olla gigante para veinte o treinta luchadores, la primera troupe de Titanes en el Ring, a comienzos de los ’60. Tonio era La Momia. “Yo creía que los golpes eran verdaderos, y a los seis años lloré cuando papá peleó por el título y lo perdió con Karadagián, que era un visionario, un Tinelli de esa época”. Esos gigantes en malla eran su familia. Los perdió al año siguiente: Tonio iba colgado en el estribo de un Ford T, salió volando con puerta y todo y pegó contra un árbol. A partir de ahí todo fue cuesta arriba, pero la pasión por el músculo, los fierros, el movimiento, ya estaba en el ADN de Daniel. Quedó pupilo en el Emaús de El Palomar, “y no fui cura de casualidad; pasa que los jueves tenía gimnasia: me despertaba a las 4, me ponía las medias, las Flecha y me volvía a la cama, a esperar a que se hicieran las siete, que sonara el timbre y nos vinieran a buscar para la clase, y ese día era la gloria”.



Los días de “Tango” aún comienzan de madrugada. A las 5.45 tiene a su primer alumno, un famoso empresario. Y hasta las 22 no para. Desborda energía. “Tengo 59, pero me siento tan bien que digo 60. Porque me regenera permanentemente el hecho de que la gente me llame. Querés entrenar conmigo porque te doy alegría. No solamente porque querés músculo. No, conmigo vas a tratar de obtener bienestar, y si sos buena gente, te voy a entrenar”.

Noticias: Usted dice que le pagan por ponerlos a hacer algo que no quieren hacer. Ejercicio.
Daniel Tangona: El sacrificio que hay que hacer, la energía que hay que poner, son muy fuertes. Pero si vos a eso le ponés el condimento de la motivación, de generarle el hábito, el tipo no va a tener ningún problema en pagarte. Está buscando una soga, un salvoconducto, pero no lo va a encontrar si lo busca a través de un entrenador que no lo escucha, que no lo motiva. No se puede hacer solo. Porque nadie en su sano juicio mueve un músculo, solo. A menos que la cosa te fascine, claro. Hay gente que toma alcohol, gente que fuma, gente que se droga, gente que no hace gimnasia y gente que hace muuucha gimnasia. Las cinco conductas, en exceso, son malas. Hay que buscar un término medio. No podés estar tres horas todos los días en el gimnasio. No hay cuerpo que lo resista. Generás radicales libres, es contraproducente. El cerebro está preparado para soportar 40 minutos de actividad física, como mucho. Más de eso, olvidate. Pero los pibes le dan y le dan y le dan… ¡pero si no vas a ir a competir a los Juegos Olímpicos! Vos lo que querés es tener un peso saludable y que los análisis te den bien: buen colesterol, azúcar controlada, tensión arterial en regla. ¿Vas a vivir más tiempo si hacés gimnasia? No lo sé. Pero tu calidad de vida va a ser mejor.

Vendió alfombras, bombachas, corpiños, trabajó en una farmacia y se las rebuscó así hasta que pudo armar su primer gimnasio, en el living de su casa. Progresó con su estilo vehemente pero respetuoso, entusiasta y profesional. Su sitio web lo muestra en más de un centenar de fotografías, en guardia, con artistas, modelos, hombres de negocios. La nómina de los ricos y famosos que tomaron clases con Tangona parece interminable, quizás sea más sencillo hacer la lista de los que no. Hoy reparte el tiempo entre sus ya habituales clases de Ocampo Wellness, en Barrio Parque, y sus alumnos particulares: medio centenar de “tangonas”, tres generaciones de “mujeres que empezaron conmigo, después siguieron las hijas y ahora, las hijas de las hijas”, y un selecto grupo de empresarios. Tangona tiene tres hijos (dos mayores que viven en California y Francisco, de 12, que es su “sol”) y tres nietos. Y acaba de lanzar un libro, “Las excusas engordan” (Grijalbo), un plan integral de fitness donde vuelca décadas de experiencia y valiosos consejos, “un modo –dice– de compartir lo aprendido”.

Noticias: ¿Es el primer personal trainer, el mejor o sólo el más famoso?
Tangona: El mejor no podés ser nunca, tenés que superarte cada día. Cuando dicen “el número uno”, ¿el uno de qué? Bueno, lo pusieron en la portada del libro. Pero hubo miles de entrenadores personales. De mi edad, quedé yo. El primero que hubo en la Argentina fue Luis Torres, que hoy tiene 84 años. Luchaba con mi padre. Él entrenó a la elite del empresariado, inclusive a Amalita Fortabat. Y si me preguntás quién lo sigue, bueno, te puedo decir que estoy ahí.

Noticias: ¿A quién no entrenó?
Tangona: Entrené a todo el mundo, a Omar Shariff, a Emerson Fittipaldi, a quien se te ocurra. Después me fueron llevando hacia el mundo empresarial. Uno me fue recomendando a otro: “Che, este no te lastima”. El empresario es hipocondríaco, tiene miedos, muchos. En 40 años que entreno, nunca lastimé a nadie. ¿Puede pasar? Obvio, porque estás con un cuerpo. Pero tomo todos los recaudos necesarios. No te voy a poner en una cinta si no te hice un chequeo cardíaco, no te voy a hacer correr si no sé si tenés una prótesis de cadera. ¿Alguien se cae, se le dobla un tobillo? Puede pasar. ¿Se le cae una pesa en la cabeza? ¡No puede pasar! Si pasa, es porque tu trainer estaba mandando un Whatsapp. No es chiste ser entrenador personal, no es sólo salir en las revistas entrenando a la modelito top. Es como ser médico. Más complejo todavía, porque el médico te receta y te manda a casa. El trainer tiene que levantar pesas, tiene que colgarte, sacarte de frecuencia cardíaca, sacarte de tu zona de confort, ¡y cuidarte! Tiene que estar mirando si te ponés verde, blanco o amarillo, si la cinta tiene el precinto de seguridad cuando estás corriendo, porque si se clava te desnucás.

Noticias: ¿Hay más excusas que antes para no hacer actividad física?
Tangona: Siempre se encuentra una. No me digas que de 24 horas no tenés media para dedicarte a vos. La actividad física te baja el nivel de estrés. El tipo que antes de ir a su casa pasa por el gimnasio o se da una vuelta a Palermo, cuando llega no ataca a la heladera ni a su mujer ni a sus hijos.

Noticias: ¿Qué es, de acuerdo a su experiencia, lo que más busca la gente que hace ejercicio: salud o belleza?
Tangona: La gente pide, pide, pide. Conforme yo la voy llevando, deja de pedir para disfrutar lo que está haciendo. Buscan no aburrirse, notar cambios. Y yo tengo que motivarlos para generarles el hábito, para que ese impulso que los trajo hasta acá no se detenga. Y lograr, no la perfección, pero sí la mejor versión de cada uno.

Noticias: ¿Podría decir que es el personal trainer del empresariado argentino?
Tangona: Se fue dando así. Hay gente que maneja actores, actrices, u obesos, diabéticos. Yo trabajo con gente que me necesita. De repente me llama una y me dice: “¿Me parás el culito?” No, la derivo. Modelos, celebrities, en Punta del Este, en el Conrad, en verano. Hablo de gente que realmente me necesita, que maneja cinco, diez mil empleados, que baja del avión y me llama: “Tango, ¿dónde estás?” Y allá voy. O hacemos delivery gym, con la camioneta: “Dani, me gustaría entrenar al aire libre porque estuve todo el día en la oficina”. Los voy a buscar yo o los traen los custodios. ¿Dónde, ingeniero? ¿Dónde, doctor? A veces no paro en todo el día. Almuerzo en la camioneta. Pero bailo en la que me gusta, fui diseñado para esto, para trabajar cuerpos.

Noticias: Usted introdujo el bootcamp en la Argentina. ¿También a los empresarios los pone a hacer salto de rana en el barro?
Tangona: Me dicen: “Tango, tengo veinte empresarios, los vamos a llevar a una estancia a hacer coaching de ventas, pero quiero que vengas a entrenarlos”. Y los mato. Es un éxito, soy uno de los tres referentes del bootcamp a nivel mundial. Y es un acting: me visto de milico y ahí me sale el coronel, tengo la gorra, el silbato, el cuchillo, hasta la cantimplora.

Noticias: ¿A qué hora llega a la casa de Cristiano Rattazzi?
Tangona: Seis menos cuarto, lunes, miércoles y viernes, de enero a enero, hace veinte años. Con el Tano no se habla más que de entrenamiento. Voy, él cumple, yo cumplo. Le preparo los diarios: lee doce. Le sirvo agua. Le pongo TN o América 24 y lo dejo media hora leyendo. Está estipulado así. Silencio absoluto. Yo no hablo si él no me habla. Cuando baja, hacemos ejercicios de fortalecimiento, y me voy.



Noticias: La motivación es uno de los ejes de su trabajo. ¿El otro es la discreción?
Tangona: Es la base de esta profesión. Yo no hablo. ¡No hablo! Yo entrené a Nisman, por ejemplo. Pero no hablo del tema, ¡porque no sé nada! Vos vivís tu vida, no la de ellos. No podés decir: mi alumno tiene un avión, mi alumno tiene un Porsche. ¡No! El auto no es tuyo, tarado, es de él, callate. La discreción es central. Yo entreno gente que nadie sabe que entreno. Y no corro riesgos. ¿Es bueno entrenarla a Susana Giménez, la gran diva argentina? Debe ser maravilloso… si la podés hacer adelgazar. Si no, te hacen bolsa. ¿Estoy preparado para entrenar a Mauricio Macri? No lo haría, porque no me siento capacitado para entrenar a un presidente.

Noticias: A Juliana sí.
Tangona: La entrené muchos años, en Ocampo. Un ser humano soñado. No sabés lo que es corriendo, una gacela.

Noticias: Entonces, Macri no. En su libro dice que no entrena a matrimonios.
Tangona: Trato de no mezclar. Cuando entrenás matrimonios en primeras nupcias, está todo bien. En segundas, ya hay rispideces: ella se cree la dueña del imperio, toma decisiones, echa personal, y los tipos grandes ya no tienen ganas de pelear, aceptan todo. Y yo, después de una experiencia que me marcó mal, por injusta, dije nunca más. A menos que estén los dos, juntos, que sepan lo que hablamos, que no haya información cruzada. Porque después no tenés ni derecho a réplica. Vos sos el profesor de gimnasia. Sos nadie.

Agradecimiento: DAIN Usina Cultural

 

 



(Daniel Tangona, (54911) 3639-1200)