Diario LA NACION - Junio 2016

 

 



 

Cuando bicicletear está bueno

Desafiá el frío y animate a mantenerte sobre ruedas a pesar de las bajas temperaturas. Conocé los beneficios y cuidados para tener en cuenta. Rodá.




Es tendencia y es salud. Se promueve y se los ve, los ciclistas y no tanto comparten las calles con más y más frecuencia, para trasladarse o, simplemente, para entrenarse. Y esa práctica se refleja en su estética y en los accesorios disponibles. Como cualquier otra actividad física, tiene sus ventajas y también requiere de cuidados para una práctica beneficiosa.

No se olvida pero. Aprendiste a andar en bicicleta cuando eras chico y eso nunca se olvida. Pero con los años se va perdiendo la noción de los espacios, sobre todo si hace mucho que no te subís a una. Por eso de grande para andar en bicicleta necesitás mayor concentración, más aun si se trata de un espacio compartido con vehículos y peatones.

Doble beneficio. En la ciudad es una forma de deporte más que al mismo tiempo te ayuda a ahorrar tiempo al desplazarte. Es una actividad recreativa, de paseo y distracción, que al mismo tiempo es un entrenamiento que mejora la condición cardiovascular. Además es un ejercicio lipolítico que tonifica el tren inferior e, indirectamente, los abdominales.

Para todos. Al no ser una actividad de impacto pueden adoptarla personas poco entrenadas, con sobrepeso, con problemas articulares y con bajo tono muscular. Según tu estado físico podés practicarla a tu propia intensidad.

Atención principiantes. Cuidado con el equilibrio. Arranquen en lugares con poco tránsito y en superficies seguras, por ejemplo, sobre la tierra, por eventuales caídas. Andá ampliando tu radio a medida que sientas mayor estabilidad.

Requisitos previos. Como en todo deporte, una entrada en calor y un estiramiento de los músculos involucrados ahuyentará lesiones. Recordá además que es un esfuerzo cardiovascular, por lo que se impone un chequeo clínico previo.

En forma. Para estar en estado físico y a la vez sacarle más provecho, entrená el tren inferior (glúteos, cuádriceps e isquiotibiales) y el eje corporal (abdominales y lumbares). También es necesaria la flexibilidad para adquirir una mayor amplitud de movimientos.

Posibles lesiones. Con la postura inadecuada pueden aparecer dolores de cintura. Para evitarlo ajustá la altura del sillín y del manubrio, de acuerdo con tu altura. Si el asiento está muy bajo o si el volante te queda lejos puede causarte dolores de rodilla por sobrecarga de los cuádriceps o de las lumbares. El asiento debe estar colocado a la altura de la cadera. Otra forma de escaparle a las lesiones es fortalecer los abdominales, ya que los vas a necesitar para sostenerte, mantenerte erguido y no lastimar la zona lumbar. Es también importante que tengas fuertes las muñecas, los tobillos y el cuello, las áreas que más esfuerzo realizan.

Aliados. Jamás te subas a tu bicicleta sin casco. Además llevá guantes, anteojos, crema para sol y agua. Si vas escuchando música, que esté en volumen bajo para que no interfiera con lo que sucede a tu alrededor.

Más cuidados. Usá los cambios (si tu bici los tiene) en las subidas y en las bajadas; hidratate en el trayecto. ¿La posición correcta? Las piernas tienen que quedar semiflexionadas y en el pedaleo las rodillas miran hacia adentro.

Podés complementar. Con yoga o con un programa de gimnasia que sume trabajo muscular del tren inferior. Para aumentar el trabajo cardiovascular, agregá una sesión aeróbica.


Asesoramiento: Daniel Tangona, entrenador personal certificado por la Universidad de Miami.


www.tangona.com

 



(Daniel Tangona, (54911) 3639-1200)