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ENTRENAMIENTO
Precauciones veraniegas
Ventajas y problemas de los
típicos deportes de moda
playeros. Control de los
riesgos.

Los deportes acuáticos son
espectaculares, son un contacto
puro con la naturaleza, pero no
mucha gente tiene en cuenta que
poseen un alto componente de
esfuerzo físico, cardiovascular
y muscular”, resume el
entrenador Daniel Tangona
desde el Hotel Conrad, en Punta
del Este. Y frente a sus ojos,
con la playa y el mar de fondo,
desfilan desde el voley beach
hasta el aladelta, pasando por
un poco de esquí acuático y
parientes del surf, algo de golf
y mucho de fútbol playero. Sin
mencionar la diversidad de
deportes de moda que más o menos
se renuevan cada dos o tres
años.
De algún modo, el verano impulsa
a hacer más ejercicio. La playa,
en particular, tiene el poder de
transformar a las caminatas o al
running en una actividad diaria.
En la arena, los impactos quedan
amortiguados, las maniobras
resultan más efectivas y con
menos complicaciones, y la
consistencia arenosa logra que
el cuerpo gaste el doble de
energía en cada movimiento y que
queme calorías más rápido.
Pero esas mismas ventajas tienen
su contra cara y son las que
favorecen cierto tipo de
lesiones y de problemas de
salud, sobre todo porque hay
mucho deportista veraniego que
no entrena durante el año y que
se desboca en el lapso de unas
pocas semanas.
“Los entrenadores sabemos que en
el verano hay un alto índice de
infartos –señala Tangona,
personal trainer–. Y es que la
gente es mayormente sedentaria
en su vida cotidiana y de pronto
llega a la playa y sale a
correr, a nadar, a probar
deportes que desconoce. Ahí es
donde hay problemas de salud,
desde graves hasta leves, desde
trastornos cardíacos hasta
esguinces, torceduras y
distensiones, por ejemplo”.
En rigor de verdad, la gente no
va a la playa a entrenarse, sino
a descansar, y esa simple
situación cambia el panorama.
“En vacaciones nos desordenamos
muchísimo, comemos fuera de hora
y en grandes cantidades, tomamos
mucho alcohol, por lo general
dormimos mal y a deshora.
Después salimos a entrenar para
contrarrestar todo este desorden
y ahí cometemos el error de
lastimarnos”, resume Tangona.

Fútbol arenero
Casi nadie piensa que un
picadito a la vera del mar pueda
ser problemático. Sin embargo,
estudios científicos muestran
que es mucho más exigente
(físicamente hablando) que un
partido sobre césped, natural o
sintético. Y eso, para el
corazón de alguien no
acostumbrado, es un esfuerzo que
sin precauciones puede ser hasta
riesgoso. Un grupo de
deportólogos españoles analizó
cómo son los movimientos de los
jugadores de beach soccer, a qué
ritmo laten sus corazones, cuán
cansados terminan, teniendo en
cuenta dos equipos formados por
cinco jugadores (contando al
arquero) de 25 años promedio y
que jueguen entre20 y 36
minutos.
Lo que encontraron es que el
promedio de la tasa de latido
cardíaco a lo largo de un
partido es de 165 pulsaciones
por minuto: el 87% del máximo
posible. Durante el partido, los
jugadores (que jugaron en una
cancha de 36 metros por 27
metros, la reglamentaria)
cubrieron una superficie de
1.135 metros, y la mayor parte
del tiempo (más de la mitad)
trotando o caminando y el resto,
corriendo. Lo llamativo, dicen
los especialistas, es que esto
no es problemático sobre
superficies comunes, pero en la
arena, los jugadores tienen que
hacer más detenciones para
cambiar de dirección, más
arranques para picar y acelerar.
Todas estas modificaciones hacen
que el gasto energético sea más
alto y que, en consecuencia,
suba la frecuencia del latido
cardíaco.
Por cada 1,4 minuto gastado en
moverse, los jugadores de fútbol
playero pasan 1 minuto
descansando; pero en una cancha
de césped esa relación es
diferente, e inversa: por cada
minuto de trabajo, hay 3,5
minutos de descanso. Así dicho,
desde el análisis puramente
analítico y científico, el
fútbol jugado en la playa y
según el reglamento, es mucho
más exigente para el corazón que
el fútbol tradicional,
incluyendo el Fútbol 5. La arena
tiene la ventaja de que ofrece
una superficie de bajo impacto y
por eso ayuda a que haya menos
lesiones en rodillas y tobillos.
Running naturista
“Correr en la playa debe ser una
de las cosas más maravillosas
que se puedan disfrutar, pero
hay que tener mucho cuidado con
las articulaciones de piernas y
tobillos por los riesgos que
trae aparejado correr en
terrenos desnivelados. De querer
hacerlo, hay que tomar todas las
precauciones del caso, como por
ejemplo vendarse los tobillos
antes de hacer running en la
arena blanda”, dicen los
entrenadores.
Antes de trotar siempre,
primero, hay que precalentar en
la arena húmeda y recién pasar a
la arena seca, donde el trote se
hace más pesado e inestable.
Como las playas suelen tener
cierto desnivel hacia el mar, si
ese desnivel es muy pronunciado
hace que la persona fuerce las
articulaciones de la rodilla y
del tobillo para compensar ese
desnivel. Las articulaciones
inferiores están sometidas a un
constante vaivén. Y si, para
entrenarse más todavía la
persona va dando zancadas, corre
el riesgo de hacer mucha
descarga muscular, porque la
fuerza que hay que hacer en la
arena para subir la pierna es
mucho mayor y los cuádriceps y
gemelos se cargan mucho más.
Motores al agua
Si correr, saltar o jugar un
fútbol en la playa (si es que
todo esto se hace durante mucho
tiempo) exigen tener
entrenamiento y considerar
algunos tips, los deportes
acuáticos y las disciplinas de
vuelo libre (aladelta,
parapente) directamente
necesitan de instrucción previa.
En términos generales hay que
tomar precauciones para
protegerse del calor,
hidratarse, usar siempre
chalecos salvavidas. Y sobre
todo ser conscientes de que en
el mar no estamos solos y por
eso hay que conocer y respetar
las reglas de navegación.
El esquí acuático, por ejemplo,
puede provocar vértigo y la
lancha motora puede ir de los 55
a los 150 kilómetros por hora.
El cuerpo tiene que tener una
postura determinada para evitar
lesiones, más allá de perder el
equilibrio: los brazos,
flexionados por el codo; los
hombros paralelos a la línea
horizontal del agua; las
rodillas, separadas al menos 30
centímetros y levemente
flexionadas, sin doblar la
cadera. Como el centro de
gravedad para este deporte está
en la cintura, hay que hacer
abdominales diariamente para
fortalecer la zona y también
trabajar los músculos lumbares y
dorsales, para que al esquiar no
se sobrecarguen por la fuerza
ejercida por los brazos.
Siempre, antes de lanzarse al
agua, hay que precalentar, en
especial articulaciones, cadera
y cuello.
El aladeltismo, otro de
los que se puso de moda en los
últimos años, junto con el
parapente, es una de las
disciplinas que se encuentran
dentro de lo que se denomina
“vuelo libre”; esto quiere decir
que no se utiliza ningún tipo de
motor para volar.
Para Tangona, el secreto
para permanecer en vuelo está en
encontrar las térmicas, que son
corrientes ascendentes de aire
caliente, las cuales permiten
que el aladelta siga volando.
“Ahí entra en juego la habilidad
y la experiencia del piloto para
determinar en qué zonas puede
encontrar térmicas, para lo cual
se vale de la observación del
vuelo de las aves, la formación
de las nubes y otros detalles
que sirven como indicadores de
la presencia de las mencionadas
térmicas”, puntualiza.
Aunque siempre se puede probar
un vuelo sin saber volar
parapente, por ejemplo, para
volar con seguridad hacen faltan
más que dos días: preparación
teórica mínima y, por ejemplo,
horas de correr por una
pendiente suave para simular un
vuelo.
Más allá de las especificidades
de cada deporte, médicos y
entrenadores ponen énfasis en
recordar que hay que protegerse
del sol, de la hipotermia, de
los golpes de calor y de la
deshidratación, porque todos
esos factores pesan más en
verano que en otras estaciones.
Y nada de todo esto quita que
empezar a hacer físicamente,
sabiendo bien qué hay que tener
en cuenta es siempre médicamente
bueno.
“Todas las alternativas son
válidas para entrenar y dejar de
ser sedentario –resume
Tangona–.
El tema es moverse, ejercitar
nuestros 700 músculos para que
nuestros 206 huesos estén
fuertes y puedan sostener
nuestro cuerpo”.
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