DIARIO LA NACION - AGOSTO 19 - 2017

 

 

El furor por los gym truck, los gimnasios al aire libre
Cada vez más personas participan de los circuitos de crossfit, gimnasia funcional, o disciplinas híbidras, que muchos trainers montan en los espacios públicos

Sopla con ganas el viento y el sol de la mañana no alcanza todavía a levantar temperatura en el paseo costero de Vicente López. Con ayuda de sus alumnos más madrugadores, Rodrigo Astigueta baja de su van gris (ploteada con un Cross Zone en rojo) una serie aparentemente interminable de elementos de gimnasia: cajones de salto, paralelas para hacer triceps, barras olímpicas, mancuernas, pesas rusas, cintas de suspensión, cuerdas, pelotas de pilates, ruedas de camión, martillos, bolsas de boxeo, colchonetas y los infaltables conos chatos naranja flúo que delimitarán el circuito que nada tiene que envidiarle a un gimnasio de esos que, en días invernales como el de hoy, ofrecen buen abrigo. Aquí, en todo caso, hay mate y ganas de que la vista se pierda en el río entre rutina y rutina.
El gimnasio a cielo abierto se ha convertido en un elemento más del paisaje de los espacios verdes urbanos: desde la costa de zona norte, parque Saavedra, los bosques de Palermo, el Rosedal, Puerto Madero, parque Lezama o la plaza de barrio más cercana. Allí se reúnen, sobre todo por la mañana, grupos de valientes que no le temen al clima adverso del invierno, y que tienen en común su aversión a poner el cuerpo en movimiento dentro de cuatro paredes, con el espejo o la línea de bicicletas fijas como horizonte.
"No me gustan los lugares cerrados, por eso nunca me gustó el gimnasio", cuenta Víctor Salgado, de 34 años, que todos los martes y jueves, a las 8 de la mañana, es uno de los 15 integrantes del grupo que dirige Rodrigo, profesor de educación física, y que tiene como punto de encuentro el circuito que monta sobre la vereda y el pasto del Paseo Costero de Vicente López, a la altura de Roca y el río. "Había empezado a correr y estaba buscando un complemento desde la gimnasia, y colegas que también trabajan en la zona me recomendaron venir a entrenar acá. Lo que rescato es que, más allá de la actividad física, me gusta la propuesta de tener más espacio que el de un gimnasio, y esa cosa de relax que te da la armonía visual de la costa", agrega Víctor, que fue testigo del explosivo crecimiento de los gimnasios a cielo abierto en el barrio. "Hace 12 años que trabajo en la zona, y antes no había ninguno, pero en los últimos dos años fueron apareciendo y ahora, a la mañana temprano o a última hora de la tarde, hay un grupo de entrenamiento cada 100 o 150 metros", dice. Es innegable el crecimiento de este nuevo modelo de actividad física -similar al que propone un personal trainer, pero en formato grupal-, y que podría bautizarse como gym truck (parafraseando a los food truck) porque la actividad se despliega alrededor del vehículo del entrenador. Allí transporta todos los implementos necesarios para el circuito de gimnasia funcional, de crossfit, de yoga o de otras disciplinas híbidras, a las que les suma ritmo a través de los parlantes del vehículo.
Quienes se suman a estas propuestas suelen ser personas que escapan del encierro de los gimnasios, pero quieren mantener una vida físicamente activa. "Iba a un gimnasio hasta que me enteré de que había un grupo ahí que también entrenaba afuera. Los acompañé y nunca más pude volver al gimnasio", cuenta José Caramico, comerciante de 50 años, que martes, jueves y sábado, de 8 a 9.30, participa de las clases del grupo CRT Training, que tiene como epicentro la camioneta blanca que de lunes a sábado se estaciona en el Paseo de la Costa de Vicente López. "Hago entrenamiento aeróbico, fortalecimiento con pesas, con ejercicios en los que uno trabaja mucho más con su propio cuerpo que en el gimnasio, donde usás las máquinas. Pero más allá del ejercicio en sí, lo que no quiero más es encerrarme", asegura.
"El furor por entrenar al aire libre se debe a que la gente necesita estar más en contacto con la naturaleza. Al estar metido en el trabajo, en la oficina, a veces en lugares donde no llega la luz natural ni el oxígeno puro, necesitamos entrar en contacto con la naturaleza para relajarnos, para bajar los niveles de cortisol y sentirnos mejor", dice Daniel Tangona, entrenador personal y pionero en esto de salir al aire libre en su Toyota 4Runner negra, donde transporta más de 1000 kilos de elementos con los que monta un gimnasio completamente equipado.
Julia Schröder, de 21 años, estudiante de bioingeniería, coincide con el planteo de Tangona. "Estoy o todo el día estudiando en la facultad o estudiando en casa, y necesito esa hora afuera para poder despejar la cabeza", explica Julia, que dejó danza jazz (que practicaba dentro de cuatro paredes) y desde marzo participa de los grupos de Cross Zone frente al Río de la Plata. "Cuando a las 8.30 empieza a pegarte el solcito en la cara está buenísimo, aunque tampoco me importa si hay viento o llueve, ¡voy igual!", asegura.
Para quienes están del otro lado de la clase, salir del encierro del gimnasio es también una fórmula que se demuestra útil para lograr la constancia de los alumnos (en especial la de aquellos que no se reconocen como amantes del deporte). "Empezamos con EPO porque nos dimos cuenta de que el factor que más motivaba a la gente a la hora de ir a entrenar era el estar al aire libre, y no encerrados", cuenta Fausto Borghiani, profesor de educación física que junto a su colega Tomas Gachie formó EPO Training, que hoy monta gimnasios al aire libre en espacios verdes de Palermo, Recoleta, Villa Urquiza, Saavedra y Vicente López. Semanalmente reúnen allí a unas 180 personas. "Hacer actividad física puede ser la forma de desconectarse un poco de la vida tan rutinaria que llevamos los porteños, que suele ser indoors", opina.
Otro aspecto no menor que colabora con el crecimiento de los gimnasios outdoors es que -sin ABL, electricidad ni alquiler de por medio- la cuota suele ser la mitad o menos que la de cualquier gimnasio de cadena. Incluso algunas de estas propuestas contemplan una libertad de horarios similar a la de los gimnasios tradicionales, al menos en la franja de tiempo de los que tienen que entrenar antes o después del trabajo: "No hay un horario fijo para participar -cuenta Charlie Randle, profesor de educación física que dirige los grupos de CRT Training-. El gimnasio está armado entre las 8 y las 10 de la mañana, y entre las 6 de la tarde y las 9 de la noche, y cada cual tiene la libertad de venir a la hora que puede o que quiere".
Mimetizados ya con el paisaje de muchos espacios verdes, son pocas las quejas que reciben de parte de los vecinos que hacen uso de los estos para caminar, correr o sacar al perro. "Alguna vez alguno me ha pedido que baje el volumen de la música, pero no más que eso", cuenta Astigueta, de CrossZone
Si hay mate, no hay frío
Desde un picadito entre amigos hasta un casamiento: todas las actividades que se planean al aire libre están supeditadas al buen o mal tiempo que acontezca. Y eso vale también para quienes planean hacer uso de los espacios abiertos con fines deportivos. Aunque en el caso de los gimnasios al aire libre, son contadas las ocasiones en que las clases se suspenden por cuestiones climáticas. "Solamente levanto la clase si está lloviendo muy fuerte en el momento o media hora antes", comenta Astigueta, y agrega: "Si garúa, hace frío o hay viento, se entrena igual".
Charlie Randle coincide: "Si hay mucha lluvia o riesgo de tormenta eléctrica suspendo por una cuestión de seguridad, pero la verdad es que, paradójicamente, tengo más alumnos en invierno que en verano, y eso que el invierno pasado fue durísimo". Como parte de su gimnasio al aire libre, Charlie monta un cambiador o vestuario portátil que permite que los integrantes del grupo puedan cambiar la ropa transpirada por otra seca después de Otra estrategia para hacerle frente al (mal) clima es la que implementa EPO Training. "Si bien suspendemos si hay riesgo de tormenta eléctrica o muy fuerte, si llueve tratamos de aprovechar espacios públicos techados para evitar suspender la clase, como son la Facultad de Derecho para los que entrenan en Recoleta, o los arcos de Palermo, para los que entrenan en el Rosedal", cuenta Fausto. "¿Frío? ¿Viento? Es cuestión de abrigarse al principio hasta entrar en calor. Después siempre termino en remerita", dice Julia. "¡Y ni hablar si hay mate de por medio!", agrega.
Justamente es el mate un elemento presente en los gimnasios al aire libre que simboliza de alguna forma el espíritu de reunión que se vive en los grupos. "Es un grupo social, y ese es un aspecto fundamental, ya que no sólo nos quedamos muchas veces tomando mate después de haber entrenado, sino que incluso nos reunimos dos o tres veces por mes en la casa de alguno o en un restaurante", cuenta Caramico.
"Entrenar en grupo no sólo es clave para combatir la falta de motivación y generar el hábito de la actividad física, sino que da lugar a rutinas como el ir todos juntos a comer, después de entrenar -agrega por su parte Tangona-. Y todos sabemos lo que implica sentarse en una linda mesa con compañeros, que somos completamente desconocidos, pero que compartimos una misma causa en común que es el cuidado del cuerpo: bajar de peso, librarse del estrés y empezar a poder dormir mejor para combatir el cansancio."



(Daniel Tangona, (54911) 3639-1200)