Diario LA NACION - Octubre 2016

 

 



 

Daniel Tangona:
"Cuando el certificado médico te dio mal, empezás a asustarte"

Autodefinido "vendedor de fitness", entrena a los empresarios más importantes del país y acaba de publicar el libro Las excusas engordan.





El despertador de Daniel Tangona suena a las 4.28 AM todos los días. ¿Por qué no a las 4.30? "Son dos minutos que hago fiaca en la cama. Me estiro, miro el teléfono y me levanto feliz", responde. A esa hora comienza la maratónica jornada de este personal trainer de 59 años, que incluye unas 14 clases al día con algunos de los empresarios más importantes de la Argentina. "Las excusas engordan", le gusta decir, y de hecho ése es el nombre del libro que acaba de publicar por editorial Grijalbo. A la hora de presentarse, deja de lado títulos como el de Entrenador Personal Certificado en la Universidad de Miami o el Diplomado en Teoría y Herramienta del Proyecto de la Negociación de Harvard, y en cambio dice: "Mi padre fue la momia de Titanes en el ring".

-¿Qué recuerdos tenés de tu infancia?

- De los luchadores: Karadagian, el Hombre de la barra de hielo, Benito Durante, Peuchele, que era el mejor amigo de mi viejo. Eran tipos que medían un metro noventa, y yo me sentía un enano en el medio de los gigantes. Los amaba. Me levantaban, me revoleaban, me tiraban de un lado para otro. Mi viejo era muy querido, fue campeón de lucha grecorromana de River y de Racing, levantador de potencia. Era una bestia de fuerte, eran todos muy fuertes. Era una época en que se entrenaba con buena comida y en forma natural, no como hoy, que hay mucha farmacología. Yo desde los 4 años estoy adentro de un gimnasio metido. Y no me quedó otra, porque cuando empecé a laburar con esto me encantó.

-¿Cómo empezaste?

-Vendía bombachas y corpiños en una lencería en Urquiza, y atrás armé un gimnasio, ¡Había más gente en el gimnasio que en la mercería! Entonces le dije mi ex mujer, "gorda, hagamos algo". Mi suegro nos dio un departamento enorme y el living lo hice gimnasio: la cocina era la oficina y el baño era el vestuario y de golpe entraban 20 personas en un living para 10. Mi suegro vio la veta y nos dijo: "Les pongo un gimnasio", que se llamó Physical Ranch, en Olivos, que explotaba: eran 80 o 100 personas en clase. Yo era un loco que amaba la música y saltaba, no me daba cuenta de que me estaba ganando la vida. A partir de ese momento fui vendedor de fitness.

-¿Qué es un vendedor de fitness?

-Es aquel que te vende que necesitás hacer gimnasia para mejorar tu salud. No para vivir más años, porque nadie te garantiza que vivas más años, lo que sucede es que entrenando y cuidándote, tu calidad de vida va a ser mucho mejor. Tengo muchos alumnos de 70 u 80 años que viajan solos, que viven solos. Y mientras tanto, hay también tipos de 50 o 60 que ya no se pueden mover, que están gordos, hipertensos, diabéticos. Yo aposté por la salud. Lo único que hice fue chupar la herencia de mi padre, perfeccionarme día a día y certificar en la Universidad de Miami, como para decir quiero algo más.

-¿Qué era ese "algo más"?

-Mis hijos más grandes viven en Los Ángeles, y yo quise dar una clase allá, y no pude porque me dijeron que no estaba certificado. Entonces certifiqué y terminé dando clases en Los Ángeles, en Miami y en uno de los gimnasios más grandes de Roma. Era mi objetivo personal. Yo no nací para el no, no existe en mi vocabulario el no. Vos me decís que no y yo voy por el sí.

-¿En tu trabajo cotidiano tenés que luchar contra muchos "no"?

-Todo el tiempo. Mi trabajo es más psíquico que físico. Toda la gente que entrena conmigo es no; me contrata a mí porque no le gusta entrenar. El tipo tiene 10.000 empleados y no tiene tiempo de pensar en su cuerpo. Entonces yo les explico: "Vos podés tener una cuenta de 10 millones de dólares pero cuando el certificado médico te da mal se acabaron los 10 palos y empezás a asustarte y a pensar en prioridades".

-¿Elegís a quién entrenar?

-Sí, pero rechazo con mucho respeto. Cuando me llaman les digo "no te molesta conocernos, porque capaz no te gustan los pelados". Si yo de entrada no tengo piel, puedo llegar a darle una clase, pero que la siguiente tanto él como yo la vamos a dar de baja, porque es una cuestión de química, de piel. Son tres veces por semana que tenés que estar con alguien una hora, y te tiene que unir un afecto, un cariño y un respeto.

-Arrancás 4.28 AM. ¿Cómo es tu día?

-Me levanto, caliento mi pava, me ducho si no me duché a la noche (a veces llego desmayado), preparo mi mate, me hago mis desayunos proteicos y salgo escuchando salsa y merengue. Llego a mi primera clase, que es a las 5.45, feliz. Es una actuación honesta y verdadera de que si yo estoy levantado desde temprano tienen que valorar ese esfuerzo y darme lo mejor. Si no, no voy más: a esta edad no tengo la necesidad imperiosa de dar 14 clases por día.


-¿Cuándo termina tu día?

-21.30 termino, 22 llego a casa. Juego con Franciso, de 12, que es el hijo que tenemos con mi actual pareja, y que es mi sol. A mis hijos Facundo, de 32, y Belén, de 33, no los pude ver crecer porque viven en los Estados Unidos. Entonces estoy disfrutando cada momento de esta criatura.

-¿Por qué seguís laburando con este ritmo?

-Primero, porque me encanta lo que hago. Cada tipo que hoy me llama es un diamante. Pero no en lo económico, sino en la calidad humana, porque son amigos de amigos, están muy estresados, tiene una panza tremenda y les puedo salvar la vida. Cómo no decir que no ante la necesidad de una persona que quiere entrenar. Pero estoy planteándome aflojar un poco, porque me doy cuenta de que no tengo tiempo de vivir. No sé cómo manejarlo. Los sábados doy clase, y los domingos también porque tengo gente que viene de Europa, de los Estados Unidos, se instala en un hotel y me llama: "Tango, ¿me venís a entrenar?" Desayuno con ellos, les doy la clase y, como mi familia a esa hora descansa, vuelvo, y hago como que no pasó nada.

-¿Qué opinás sobre la idea extendida de que hay que vivir a dieta?

-Hay que entender que somos lo que comemos. Ninguna persona que elimine cualquier alimento -grasa, hidrato, proteínas- es sana. El secreto es comer de todo pero no mucho, para que el cuerpo tenga tiempo de trabajar, de digerir y no llegar a la noche famélico y que te vayas con 3000 calorías a la cama, porque tu corazón va a explotar. Hay que ordenarse en el entrenamiento, en las comidas y en el descanso.

-¿Que es Las excusas engordan?

- Es una frase mía de cabecera. Las excusas no existen, las ponés cuando tenés ganas de que algo no pase. Ahí entra el "no tengo tiempo para entrenar...". Al mediodia, es necesario dos horas para comer, ¡comé en media y después salí a caminar! Y a la noche, ¿tampoco? Salí a caminar antes de tomarte el whisky o atacar el queso parmesano. Siempre digo que si la gente entendiera que si pasa por el gimnasio, cuando llega a su casa no atacaría la heladera, ni a sus hijos, ni a su mujer. Bajás tanto los niveles de ansiedad que pedís un vaso de agua, te das un buen baño y ya no volvés loca a tu familia.



 

Las excusas engordan
Editorial Grijalbo

En este libro, Tangona propone un plan integral de alimentación para personas de todas las edades y rutinas para todos los días.

 



(Daniel Tangona, (54911) 3639-1200)