Diario LA NACION - FEBRERO 2017

 

 



 

Con el personal trainer a todos lados (sí, también en vacaciones)
Maratones, viajes de trabajo o descanso: la gente se lleva a su profesor para continuar la
preparación física lejos de casa. ¿Necesidad real o dependencia?






 Daniel Tangona es un abonado a los veranos esteños; su target son los empresarios,
entre  los que está Cristiano Rattazzi. Foto: Gentileza.
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"¿Vamos a Nueva York? Yo te invito", soltó, casi sin preaviso, mientras se secaba el sudor
de su frente. Para Víctor Rodríguez la propuesta, que lo agarró medio de sorpresa, no
salió de su pareja ni de sus amigos: fue de uno de los tantos alumnos que este profesor de
educación física y experimentado andinista entrena en Palermo. La invitación, claro, no era
de carácter turístico: la idea era que Víctor acompañara a Myller Maccari, su alumno, a
correr la famosa maratón de esa ciudad, una de las preferidas de los runners dentro del
exigente calendario anual de carreras de 42 K.

Víctor no sólo fue a Nueva York; también estuvo en Chicago y este año tiene confirmado el
próximo destino: la capital de Alemania. "Ya estamos inscriptos. Para Myller Berlín es
especial porque ha estado allá y tuvo que abandonar la carrera porque se lastimó. Le
quedó un sabor amargo y ahora va por la revancha", avisa Víctor, director de VTR
Entrenamiento. Él es uno de los tantos personal trainers que viajan por distintas ciudades
con sus alumnos para entrenarlos y prepararlos física y psicológicamente para un evento
tan exigente como una maratón a miles de kilómetros de casa.


Pero la tendencia no sólo está presente en el running -sector que ha explotado en los
últimos años-, sino también se extiende a todo el mundo del fitness y ahora, en vacaciones,
alcanza uno de sus momentos de mayor demanda: cada vez es más frecuente llevarse al
entrenador personal a la playa o al lugar de descanso elegido para no interrumpir la puesta
apunto física ni siquiera en tiempo de descanso.

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Desde hace 25 años, Daniel Tangona, el entrenador personal elegido por empresarios y
gente del showbiz, se instala en el balneario uruguayo desde fines de diciembre y se
reparte entre sus alumnos personales de Buenos Aires y los huéspedes que llegan al
Conrad Resort donde da clases durante todo enero. "Todos mis clientes vienen acá y
tengo que estar para ellos. Me llaman para que los entrene porque saben que en enero se
destruye lo que construiste durante todo el año. Por supuesto que ellos pueden hacer la
rutina solos porque la saben de memoria. Pero se motivan más cuando están con su
entrenador. La mayoría te necesita al lado."

Como si fuera parte de su rutina veraniega, Tangona carga su camioneta con todo lo
necesario para armar un gimnasio a la orilla del mar o en el jardín de la casa donde se
están quedando. Si el alumno se aloja en alguna de las imponentes torres con gimnasio,
constata que allí tenga todo lo que su cliente necesite para el entrenamiento.

"Para estos tipos que son presidentes de empresas y viven subidos a un avión, entrenar es
su momento de tranquilidad e introspección -sostiene Tangona, autor de Las excusas
engordan-. Yo busco contenerlos, los escucho, los aconsejo. Con muchos se genera una
relación de confianza. Y ellos saben que para mí el entrenamiento va mucho más allá de
sacar musculito o pegar lomo. Lo mío es una propuesta holística, integral y con el foco
puesto en la salud".

Claro que el verano es una época propicia para cometer todo tipo de excesos: "Vas a
comer mucho afuera, te sirven el primer plato a la una de la mañana, tenés eventos y te
acostás a cualquier hora, dormís mal... Se hacen un montón de desarreglos y yo estoy ahí
para ordenarlos y motivarlos. El 70% de la población es sedentaria, no tiene el hábito de
entrenar y menos aún en vacaciones. Pero si un mes no hiciste nada empezás el año con
la energía baja. Y gente como [Cristiano] Rattazzi, o Gonzalo Vila, el CEO de Dunlop, no
pueden darse ese lujo", dice sin concesiones el personal trainer que, entre otros gustos
personales, formó parte del equipo de trabajo de Tiger Woods cuando el golfista estuvo en
Argentina, allá por el comienzo del nuevo milenio.

Pero más allá de las vacaciones, muchos empresarios suben a sus entrenadores
personales al avión que los llevará a alguna reunión de trabajo fuera del país. Para el
arquitecto Horacio Ludigliani, dueño de una constructora con desarrollos inmobiliarios en
Argentina, Uruguay y Miami, llevar a Tangona en sus viajes de trabajo se ha vuelto una
necesidad: "Cuando viajo lo llevo conmigo. Tengo 52 años, hace 6 que me entrena y soy
un convencido de que para triunfar en los negocios tenés que estar sano -plantea-. Es
fundamental que los ejecutivos hagan actividad física porque te despeja el cerebro. El
cuerpo solo te lo pide. Llevarlo es una necesidad porque no sólo te entrena, te ordena con
la comida y te acompaña. Con él hablo desde problemas de salud a los personales, es un
compañero", dice Ludigliani, que hace kitesurf, juega al golf y también pilotea aviones.

"Si te llevan y te suben a su avión es porque tenés un valor agregado", sostiene Tangona,
que asegura que realizar ejercicio físico antes de una conferencia o una reunión laboral
baja el estrés y suma claridad mental. "Los circuitos se activan. Se oxigenan y uno tiene
una mejor respuesta. Si a eso le sumás que además les ordeno las comidas y procuro que
descansen bien, la ecuación cierra", dice el conocido personal trainer, hijo de la primera
Momia, uno de los recordados personajes de Titanes en el ring.


¿Un seguro contra la pereza?



En la costa argentina, la tendencia de no dejar la puesta a punto ni aún en vacaciones se
replica con igual modelo: llevar o contratar a un entrenador personal como si se sacara un
seguro contra la inactividad. Silvina Garibotto, de 41 años es profesora de Educación
Física. Se instaló en Mar del Plata durante todo enero junto con su pareja, Sebastián
Cirrincione, un empresario de 40 años de Saavedra. Fanática del running, Silvina entrena
en Buenos Aires con un grupo de corredores coordinado por Oscar Cortinez. "Me traje un
plan de entrenamiento que me preparó Oscar, pero aun así quise buscar uno. Junto con
Sebastián resolvimos contactar y tener un preparador físico porque así sabíamos que nos
íbamos a organizar mejor con los tiempos y tener un seguimiento cercano para no perder
ni intensidad ni disciplina en el entrenamiento".

El fantasma de perder en sólo 30 días todo lo logrado en un año sobrevolaba a la pareja,
que participa de carreras de 10, 15 y 21 kilómetros. El año pasado también corrieron los 42
K de Buenos Aires. "Con un entrenador personal uno logra una mejor organización, tanto
en la preparación como en la vida personal de cada uno, aún en vacaciones; -asegura
Silvina- tener esa presencia cercana, estar acompañado a la hora de correr y ejercitar,
también es una motivación adicional. No es lo mismo correr solo que con alguien que te
está exigiendo. Que te alterna velocidad, fuerza o fondo según se requiera".

Silvina dice que cuatro veces por semana entrena junto a Leonardo Malgor -reconocido
preparador de varios de los atletas olímpicos que participaron de Río 2016- y dos días
realiza la rutina que le indicó su personal trainer de Buenos Aires. El séptimo día es de
descanso o relax total o con algún que otro trabajo regenerativo. "Tener un entrenador
personal y un plan de entrenamiento aleja el riesgo de la fiaca o la pereza y disipa esas
dudas que a veces te genera tener que salir sólo a correr. Aquí sabés que alguien te
espera a tal hora y que hay que responder a una exigencia".

Aunque nunca le tocó viajar para acompañar a algún alumno, Richard Biurrum, director de
Smart Moves Entrenamiento Funcional, confirma que quienes llevan al entrenador a todos
lados se dividen en dos grandes grupos: "Están los que no tienen una gran fuerza de
voluntad y terminan dependiendo del profesorpara entrenar. Y están los que no tienen
problema de entrenar solos pero se dan cuenta de la diferencia entre entrenar por su
cuenta y hacerlo con alguien que sabe y te conoce -sostiene-. Siempre pongo el mismo
ejemplo: es como aprender a tocar la guitarra solo o con un profesor al lado. Claro que en
las dos situaciones se genera cierta dependencia. El que entrena con personal trainer
generalmente no le gusta entrenar solo por una cuestión de pereza, aburrimiento o falta de
voluntad. Un 70% necesita del estímulo del profesor para lograr la regularidad".

Bastante más incisivo, Pablo Hernán Ainetta, director de Neotraining, suma dentro de los
dos grupos que llevan a su entrenador a todas partes a los que "se quieren mostrar". "Se
puede prescindir de tu entrador en vacaciones. Pero estás en el gimnasio del edificio en el
que te quedás y ves que el de al lado lo tiene y entonces también lo querés. Es una
cuestión de status social -asegura-. La lógica cuando te vas de vacaciones y no querés
cortar es pedir un plan a tu entrenador y a lo sumo hacer un seguimiento a distancia por
teléfono o WhatsApp", dice Ainetta, que de todas maneras reconoce que están los que no
pueden mover un músculo solo por su cuenta y necesitan sí o sí de la presencia del
profesor. "Y también están los que te llevan por compañía: muchos no tienen con quién
irse de vacaciones y si hay buena onda te proponen que los entrenes", asegura Hernán
que viajó alguna temporada a Punta del Este y a Brasil "llevado" por un alumno.


A correr por el mundo




Si bien en vacaciones llevar o contratar a un personal trainer parece tener más que ver con
sacar un seguro contra la pereza o para mostrarse, cuando se trata de corredores que
participan de las maratones más importantes del mundo la presencia del profesor sirve
como preparación para el gran día, y también como motivador, compañía y apoyo
psicológico.

Víctor Rodríguez, que acompañó a uno de sus alumnos a Nueva York y Chicago, y este
año estará en Berlín, asegura que lo importante es trazar en conjunto un objetivo a cumplir:
"En cada maratón nos ponemos una meta: en Nueva York era bajar la marca de las cinco
horas, algo que mi alumno no había logrado nunca. Le puso 4:32. Y en Chicago era bajar
esa marca de Nueva York. Ahora, en Berlín, la idea es que pueda seguir bajando los
tiempos. Para él yo soy un facilitador, lo voy llevando porque corro la carrera a la par de él.
Le voy marcando el ritmo, se distiende y le saco la presión para que pueda disfrutarla
-comenta-. Muchas veces la ansiedad lleva a cometer errores y te hace ir a un ritmo más
fuerte. Cuando pasa eso le agarro el hombro y le digo: «Tranquilo que te vas a quedar sin
piernas». Puedo hacer eso porque lo conozco, sé qué puede y qué no puede dar",
sostiene Víctor, uno de los tantos personal trainers que viajan por el mundo con sus
alumnos.

Rodríguez sostiene que a partir del boom del running, y siempre que la economía lo
permita, cada vez son más los alumnos que deciden viajar con su profesor. "Es bastante
habitual que se junten 3 o 4 alumnos y paguen entre todos el viaje al personal trainer. Y
sinceramente somos pocos los entrenadores que corremos los 42 kilómetros
acompañando al alumno. La mayoría están los primeros cinco o seis kilómetros y después
los esperan en la llegada. Yo, no; corro a la par del alumno, le alcanzo el agua para
hidratarse y estoy ahí para apuntalarlo y marcarle el ritmo".

Myller Maccari, empresario de la industria láctea que llevó a Víctor a correr con él las
maratones más convocantes del mundo, sostiene que, además de sentirse cuidado y
acompañado, la satisfacción de compartir con su entrenador la felicidad de terminar una
carrera es otro de los motivos de peso a la hora de subirlo al avión: "No es que si no lo
llevo conmigo no llego a la meta. Si entrenás con responsabilidad y hacés lo que tenés que
hacer al pie de la letra, no tendrías que tener problemas en llegar al final de la competencia
-aclara Myller-. Pero durante la carrera soportás dolores, calambres, cansancio y por eso
cuando cruzás la meta querés compartirlo con quien te preparó. Es como decirle: «Gracias
por entrenarme». Sin dudas lo más lindo es ese abrazo del final".

Con la colaboración de Darío Palavecino.

 



(Daniel Tangona, (54911) 3639-1200)